lunes, 28 de abril de 2008

Tiki, el angelito refunfuñón.

para Sara, escrito hace mucho, cuando estabas en África

Tiki era un angelito que vivía en el cielo y era famoso por ser un angelito refunfuñón. El Señor le había dado, para hacer florecer su paciencia, la tarea de hacer granitos de arena para adornar las playas.

“Granitos, já” –refunfuñaba Tiki- “¿para qué querrán tantos granitos los humanos? Como si yo no supiera que van a llenar todo de basura”.

“Hum… hum…” -refunfuñaba bajito para que Dios no lo escuchara.
Pero el Espíritu Santo siempre está escuchando y tomaba nota de los refunfuños de Tiki.

Después de unos cuatrocientos mil trillones de granitos, Tiki ya no refunfuñaba, pero estaba tan aburrido que era una lata verlo. Se tomó un descanso y aprovechó para comentar a todo el cielo lo inútil que era hacer tantos granitos. Tanto alegaba Tiki, que tenía mareados a todos los angelitos y sus aureolas les daban saltos en señal de impaciencia (es infalible; si ves a un angelito que tiene su aureola dando saltos, es señal segura de que está perdiendo la paciencia).

“¿Qué sucede que hay un concierto de aureolas saltarinas?” --preguntó el Señor que, aunque es Omnipotente y todo lo sabe, en ese momento estaba distraído.

“Es hora de dar una lección a Tiki” –dijo el Espíritu Santo- “no te preocupes, Dios Padre, yo lo resuelvo en un batir de alas”. Y poniendo manos a la obra (o alas a la obra), el Espíritu Santo tomó de un ala a Tiki y lo llevó al mundo de los sueños que queda al fondo del tercer pasillo en el reino celestial.

Y Tiki soñó con grandes y doradas playas, con infinidad de niños haciendo castillos y cerros y túneles con la arena. Soñó con poetas caminando descalzos en busca de inspiración, y parejas de enamorados buscando magia. Soñó con scouts traviesos y jóvenes en alegres fogatas, ancianos y niños recogiendo conchitas y piedras en medio de la arena. Soñó con personas tristes buscando consuelo en un paseo por la arena.

Soñó, soñó, soñó infinidad de cosas y tan hermosas que cuando despertó no cabía en sí de gozo y comenzó a bailar y bailar. Se sacó la aureola y las alas para bailar mejor y mientras cantaba el gloria (un poquito desafinado, eso sí, por la emoción), se olvidó de su aureola y sus alas que en un descuido cayeron a la máquina de hacer arena y se hicieron papilla (con el consiguiente regaño de san Pedro que guarda las llaves del Reino y entre ellas la llave del armario donde guarda las aureolas por tamaño y las alas por aerodinámica).

Supongo que ustedes saben que las alas de los ángeles son multicolores y es por eso (y por todo lo que ya he contado) que en algunas playas (como en Chile, por ejemplo), si observas la arena con detención, verás la cantidad de granitos de colores diferentes. Y si te concentras aún más, podrás ver algunos que brillan fuertemente, esos son pedacitos de la aureola de Tiki que adornan las playas hermosas.

Me han contado algunos amigos que cuando una playa parece estar completamente desierta, si uno se esconde bien, puede ver a Tiki que baja del cielo (pidiendo permiso antes al Espíritu Santo) a jugar y a bailar en la arena.

2 comentarios:

Sergio dijo...

Me encanta!!! ¿Cuándo vas a hacer el corto?

Flor Diamante - Kunsang Lhamo - Tsültrim Yudrön dijo...

upss, primero el cuento ilustrado ¿no crees? después el corto... ¡ke nervios!

al horizonte

 Las hojas y el viento te golpean la cara el frio  parecen cuchillos que en el rostro pesa la lengua se aprieta la garganta Amanece en medio...