lunes, 16 de marzo de 2009

El hombrecito o En una esquina invisible del neoliberalismo


Con el sombrero tongo y la bigotera en el bolsillo espera el gentil hombrecillo que alguien tenga la amabilidad de indicarle una dirección.

La procesión real transcurre sin parar en sus transportes veloces y esteticamente superlativos, el flujo incesante de agitación sorda.

Sigue el hombrecito… con su sombrero tongo, esperando. Una gentil sonrisa le acompaña, el frio lo tiene paralizado, la tibieza de su sólo corazón no es suficiente para calentarlo.

Afuera el vertigo, la velocidad.
Congéneres y especies varias se agitan en constante sinsentido, en dolorosa anestesia.

Y sigue el hombrecito en esa esquina, con su inmensa gentileza, sin dirección, sin comprender, con una pena discreta que amenaza con afixiarlo, pero sigue sonriendo, suavemente.

En la calle todos ciegos, sordos, rugiendo, exibiendo sus carrocerías brillantes, sus monedas relucientes, sus condecoraciones putrefactas.

Y en la esquina, sólo queda una bigotera olvidada hace años. Discretamente, gentilmente, como siempre fue, el gentil hombrecito, se murió tal como vivió; invisible.

sábado, 7 de marzo de 2009

incongruencias

las canciones románticas de la radio ya no sirven para retratar lo que me pasa con él, y el reálity intenso/indiferente que vivo contigo ya no lo comprendo.

Ya no prendo la radio,
sólo escucho los pájaros,
me entierro en un agujero en el jardín
y me conecto con los chanchitos de tierra,

espero que sea una etapa,
comienza a hacer frio.

al horizonte

 Las hojas y el viento te golpean la cara el frio  parecen cuchillos que en el rostro pesa la lengua se aprieta la garganta Amanece en medio...