
Con el sombrero tongo y la bigotera en el bolsillo espera el gentil hombrecillo que alguien tenga la amabilidad de indicarle una dirección.
La procesión real transcurre sin parar en sus transportes veloces y esteticamente superlativos, el flujo incesante de agitación sorda.
Sigue el hombrecito… con su sombrero tongo, esperando. Una gentil sonrisa le acompaña, el frio lo tiene paralizado, la tibieza de su sólo corazón no es suficiente para calentarlo.
Afuera el vertigo, la velocidad.
Congéneres y especies varias se agitan en constante sinsentido, en dolorosa anestesia.
Y sigue el hombrecito en esa esquina, con su inmensa gentileza, sin dirección, sin comprender, con una pena discreta que amenaza con afixiarlo, pero sigue sonriendo, suavemente.
En la calle todos ciegos, sordos, rugiendo, exibiendo sus carrocerías brillantes, sus monedas relucientes, sus condecoraciones putrefactas.
Y en la esquina, sólo queda una bigotera olvidada hace años. Discretamente, gentilmente, como siempre fue, el gentil hombrecito, se murió tal como vivió; invisible.
2 comentarios:
prolificofindesemana
¿seran resabios de la buromáquina empleoproductivisadora, los dolores nerviosos de un sistema que se abre expande y relaja para aprenderse, sera la luna que decae melancólica o estas brisas de viento tibio que obligan a las plantas a desnudarse? sea lo que sea son hermosos y perfectos
que inspiradoras-inspiradas sus palabras mi caballero... se agradecen a corazón despierto.
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