Trataba yo aquella tarde de enternecer al muro,
Que quisiera tocar y ser tocado
Que no se perdiera en tanta frialdad de cal y canto
de piedra
de ladrillo estucado o sin estucar
de paja y adobes.
No se si lo logré
pero no pierdo la esperanza
—jamás la he perdido—
no dejo de creer en su corazón de seda,
de brisa dulce.
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